VIOLENCIA ESCOLAR EN PANDEMIA 

29.06.2022

A pocas semanas del inicio del año escolar el escenario está desafiante, el clima de las comunidades escolares ha experimentado graves situaciones de violencia que exceden el accionar de los establecimientos y sus protocolos afectando a los integrantes en todos sus niveles.

La violencia se extiende y no sólo cubre a la educación pública reconocida por ser más diversa sino al sistema escolar en su totalidad y ocurre después de un extenso cierre de colegios por la pandemia y situaciones sociales que aún no se han detectado de manera integral.

El poco tiempo transcurrido no ha permitido dimensionar los conflictos que afectan a los estudiantes, los llamados de atención que generan, los grupos de pertenencia a los que se han unido, las motivaciones que los mueven y menos quienes están detrás de ellos empujando su participación escolar.

Para los actores de las comunidades educativas uno de los problemas más acuciantes radica precisamente en la dinámica familiar, porque la familia es la unidad esencial para contribuir de mejor manera a resolver lo que experimentan los estudiantes, pero que en los casos con mayores complejidades muchas veces falla o es inexistente.

Por ese motivo, la intervención más efectiva radica en identificar a tiempo el problema y activar las derivaciones o denuncias sobre situaciones que afecten el desarrollo escolar de los niños, niñas y adolescentes, incorporando de manera activa a las redes colaboradoras que financia el Estado en el territorio.

Las escuelas y liceos necesitan que todos los organismos que trabajan con infancia y adolescencia y en especial con materias sociales y de seguridad colaboren de manera mancomunada para abordar un fenómeno que está escalando y que afecta de manera directa el anhelo de la calidad educativa porque la violencia escolar impacta directamente el rendimiento y el avance escolar.

Hoy un establecimiento educacional, como una medida excepcional, puede expulsar o cancelar matrícula si uno de sus estudiantes ejerce violencia física o psicológica ante un integrante de la comunidad escolar, pero hacerlo muchas veces significa reconocer que las intervenciones, derivaciones o remediales están fallando, y eso exige revisar con urgencia en qué punto estamos y qué es lo que se necesita como sociedad para fortalecer la tarea educativa.    

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